La desolación de algunos de estos cientos me hace acordar de aquella película extraordinaria de Peter Boadanovich, “The Last Picure Show”: gente joven muy perdida en un lugar de espacios demasiados abiertos que está lejos de todo, en un país muy grande en el que las cosas y las vidas sólo parecen existir plenamente en la remota capital.
El minimalismo de la escritura no es esa disculpa para la frialdad emocional que uno encuentra tantas veces, y que ya cansa. Los golpes de comicidad impasible revelan un fondo de ternura, la compasión hacia las vidas atentamente observadas e imaginadas que no son menos dignas de respeto por residir en lo trivial.
ANTONIO MUÑOZ MOLINA.












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